La neurofisióloga y neurocirujana, que lleva una década estudiando los entresijos de la enfermedad de Alzheimer, explica hasta qué punto es importante hacer cosas complejas en diferentes ámbitos de la vida.
Si reflexionamos un poco, podemos convenir en que la mayoría de cosas que deseamos, las que realmente merecen la pena, están al otro lado de la incomodidad. Da igual de lo que se trate. Puede ser un objetivo laboral, personal o de salud. Es indiferente. Porque cualquier meta que persigamos implica un esfuerzo y salir de nuestra zona de confort. Y el éxito depende en buena medida de nuestro compromiso y nuestra dedicación.
Pero eso que muchos denominan fuerza de voluntad no es algo etéreo. No es un intangible. Se encuentra en nuestro cerebro y se puede entrenar. Y nos hace vivir más. “Hacer cosas difíciles es lo que va a mejorar la función cerebral a lo largo de la vida. Hacer cosas difíciles le dice a tu cerebro que puedes hacer cosas difíciles. Hay una pequeña zona llamada corteza cingulada anterior media (aMMC) que se ha demostrado que es más grande en lo que llamamos ‘superancianos’ (super agers)”, explica Louisa Nicola en The Diary of a CEO.
“Un superanciano es alguien que envejece bien. Viven con un bajo riesgo de enfermedades cardiovasculares y han mantenido sus funciones cognitivas. Tienen 80 o 90 años y un perfil de VO2 máx similar al de una persona de 50 o 60 años. Por lo tanto, envejecen bastante bien desde el punto de vista biológico. Y se ha comprobado que tienen una corteza cingulada anterior media más grande”, neurofisióloga y neurocirujana.
“Y esa zona del cerebro -subraya- aumenta su tamaño cuando hacemos cosas realmente difíciles, cuando nos esforzamos. Y básicamente se convierte en una reserva para cuando la vida se complica. Le dice a tu cerebro que pase lo que pase, sin importar lo que me depare el destino, tengo la capacidad de afrontarlo, aceptarlo y superarlo. No importa lo difícil que sea”.
El músculo de la fuerza de voluntad
El problema es que a menudo nos damos muy pronto por vencidos o, simplemente, nos acomodamos y nos conformamos. No estimulamos nuestro cerebro lo suficiente y ese hecho acaba por atrofiarlo.
“Cuando te rindes o cuando no haces cosas difíciles, esta pequeña área no crece, no se hace más grande. Así que hacer ejercicios de activación neuronal, ir al gimnasio y esforzarte, mantener una dieta, leer o estudiar va a ayudar a que crezca esta pequeña área del cerebro”, asegura la doctora Nicola.
Un área que fundamental para la resiliencia, la toma de decisiones, la motivación e incluso, como hemos visto, para la longevidad. “Es el músculo de la fuerza de voluntad. Por eso creo que cuando la gente se propone objetivos durante el año y dice: «Voy a perder 10 kilos, voy a hacer esto, voy a aumentar mi fuerza de voluntad», creo que no se trata de fuerza de voluntad, sino de neurobiología”, asegura la experta que lleva más de una década estudiando los entresijos de la enfermedad de Alzheimer.
“Cuando piensas en cómo vivimos nuestras vidas, castigándonos por no ser capaces de leer un libro, por no ser capaces de prestar atención… Las personas culpan al entorno y culpan a las circunstancias cuando deberían culpar a la neurobiología y deberían culpar al estado de su cerebro. Debemos desafiarnos más a menudo”, concluye la experta.













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