Esta disciplina tradicional es sencilla, accesible y tiene asociados numerosos beneficios más allá de los relacionados con la salud cardiovascular.
Partamos de una premisa fundamental: cualquier forma de ejercicio o actividad física e buena para la salud y cualquier cantidad es mejor que no hacer nada. No obstante, no es menos cierto que en función de nuestros gustos, circunstancias y necesidades debamos optar por aquella modalidad que más nos conviene.
En este sentido, es posible que conforme vamos cumpliendo años busquemos alternativas que sean más accesibles y sencillas, como por ejemplo caminar o hacer bicicleta estática, y compaginarlas con algunos ejercicios con pesas ligeras o el propio peso corporal para que nuestros músculos estén en buen estado.
Una disciplina tradicional muy completa
Sin embargo, hay una disciplina tradicional que aúna una serie de característica que pueden convertirla en la mejor opción para muchos tipos de persona. Hablamos evidentemente del yoga, que aboga por la conexión de cuerpo y mente a través de una suerte de posturas que ayudan a mejorar la fuerza, la flexibilidad y el equilibrio.
De igual forma, esta práctica inclusiva que no requiere una condición física específica, también fomenta aspectos como la relajación, la meditación y la concentración por lo que puede reducir significativamente el estrés y la ansiedad al disminuir el ritmo cardíaco y la presión arterial.
Sin ir más lejos, algunas investigaciones, como la publicada en PLOS One podría mejorar algunos aspectos de la salud cardiometabólica en adultos con sobrepeso u obesidad, especialmente la presión arterial. Y lo mismo sugieren sendos trabajos publicados en Canadian Journal of Cardiology y Future Neurology, que confirman que el yoga fortalece la salud cardiovascular.
Pero sus beneficios van mucho más allá como confirma investigación publicada en la revista Journal of Orthopaedic Research, que sugiere que las posturas físicas, los ejercicios de respiración y las prácticas de mindfulness del yoga pueden resultar beneficiosas para las personas con dolor de espalda crónico.
Además, una revisión sistemática de 33 ensayos controlados aleatorios publicada en Annals of Internal Medicine reveló que el yoga mejoraba la velocidad de la marcha y la fuerza de las extremidades inferiores en personas mayores sedentarias. Un aspecto clave en esa etapa de la vida.
Y por si fuera poco, el yoga ha demostrado ser una estrategia eficiente para combatir el insomnio y mejorar la memoria (estudio, estudio), reducir la ansiedad y los síntomas depresivos (estudio) e incluso proteger contra las enfermedades neurodegenerativas (estudio).
Así pues, practicar yoga o combinarlo con otras actividades físicas que ya formen parte de nuestro estilo de vida parece ser una buena estrategia para envejecer de forma saludable y ralentizar los efectos del paso del tiempo. Recuerda que el ejercicio no se elimina con la edad, simplemente se adapta.
















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